Los niños de hoy, nos guste o no, ya están sobrestimados cuando ingresan al jardín de infancia. Difícilmente existe un espacio o tiempo donde el niño se encuentre y no esté influenciado por el ruido, la luz artificial o la tecnología. Nuestra sociedad crea entornos para la estimulación temprana, el aprendizaje rápido y la competencia en todos los niveles. Con todo esto sucediendo, podemos preguntarnos: ¿cuándo y dónde debe digerir el niño toda esta información? ¿En qué momento se le permite que sea una experiencia para sí mismo? ¿Esta forma de vida permite un desarrollo interno verdaderamente auto creado, un crecimiento que nutre la capacidad del pensamiento individual?

En la Pedagogía Waldorf centramos nuestra atención en el desarrollo interno del niño, un proceso que este simplemente realiza. Nosotros, como educadores, ofrecemos el entorno adecuado y, a través de una observación precisa y amorosa , guiamos a los niños a lo largo de este proceso de aprendizaje.

Para los niños pequeños, el juego es la mejor experiencia de aprendizaje. La esencia del juego es la imitación, a través de la cual vive en la actividad de todo lo que lo rodea. El origen de la imitación del niño debe buscarse en el sentido del gusto del bebé, que parece penetrar en todos los demás sentidos de su cuerpo. Cuando el bebé está mamando, participa en la degustación con todo su cuerpo. La imaginación es la continuación de esta actividad de degustación: le permite al niño “probar” el mundo que lo rodea haciéndolo parte de sí mismo. Pronto se “beberá”, junto a las acciones humanas, lo que está sucediendo a su alrededor en la naturaleza: animales, plantas, rocas, clima, etc…

Una tercera etapa se desarrolla a medida que la imaginación del niño comienza a agregar algo de sí mismo, de su vida imaginativa, y aquí el juego se vuelve tan importante para él.
Él experimenta . Jugar solo, con otros niños o padres no es solo una actividad agradable para el niño, es un asunto serio para él. El entorno apropiado para permitir este tipo de juego necesita estimular una imaginación creativa, una imaginación que está profundamente arraigada en el niño. Las acciones significativas de los adultos que rodean al niño, la naturaleza con todo su esplendor y abundancia, así como los simples juguetes, pueden permitirlo.

En nuestro jardín de infancia y primaria, cuidamos mucho el entorno, la atmósfera y los materiales que utilizamos para permitir a cada niño un desarrollo saludable y personal, que se merece.